Alfabetización mediática

La UNESCO está contra la discriminación educativa de la mujer

La UNESCO defiende el estado de derecho y, por tanto, que nadie está por encima de las leyes. Defiende los derechos humanos, lo que significa que todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos. También la UNESCO se opone a cualquier «discriminación» o cualquier distinción, exclusión, limitación o preferencia » en materia de educación. Y proclama y defiende la educación para todos.

No obstante, es cierto que el artículo 2 de la Convención relativa a la Lucha contra las Discriminaciones en la Esfera de la Enseñanza – de 1960- expresa una salvedad: no se entenderá como discriminación “la creación o el mantenimiento de sistemas o establecimientos de enseñanza separados para los alumnos de sexo masculino y para los de sexo femenino”. Pero lo hace bajo un condicionamiento decisivo: “en el caso de que el Estado las admita”. Y, además, deja muy claro que el principio general  de toda la convención es el que “las discriminaciones en la esfera de la enseñanza constituyen una violación de derechos enunciados en la Declaración Universal de Derechos Humanos”.

Por esto, el ministro de educación de España, José Ignacio Wert, no tiene razón cuando sugiere que hay contradicción entre las leyes españolas y la citada convención de la UNESCO. Ninguna contradicción entre UNESCO y el estado de derecho en España, porque las leyes españolas prohíben la separación por razones de sexo en los centros educativos y, por tanto, están plenamente en consonancia con la proclamación de no discriminación de la UNESCO. No hay nada, pues, que indique contradicción, ni razón apra el cambio.

¿Sería posible, en otro orden de cosas, que un Estado –pongamos por caso el español- decidiera admitir la segregación por sexo en los centros educativos? Lamentablemente, habría que decir que sí, porque éste es un asunto de plena soberanía española y, en consecuencia, decide el Legislador, el Parlamento. Y, en ese eventual caso, España, como Estado, tendría el dudoso honor de entrar en las excepciones al principio general de no discriminación enunciado en la Convención de la UNESCO de 1960.

Pero, insistimos, estando las cosas como están, cabe pensar que la actual legislación española está más en correspondencia con la letra y el espíritu de la Convención de la UNESCO que lo estaría en caso de que se re-introdujera, de nuevo, la segregación educativa sexista.

Así, pues, si el ministro de Educación de España se propone re-insertarnos –como estuvimos ya en el pasado- dentro del ámbito de los países segregacionistas en educación por razones sexistas, es muy libre y muy responsable de hacerlo. Pero la UNESCO no tendrá nada que ver en ello. Ni como razón, ni siquiera como falso pretexto.

ELIMINAR LAS DISCRIMINACIONES

Y, sin embargo, sí tendría que luchar José Ignacio Wert contra otra Convención, esta vez más reciente y de las Naciones Unidas, la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer. En ella los principios vuelven a ser muy claros y en su artículo 10, apartado b) establece que “Los Estados Partes adoptarán todas las medidas apropiadas para eliminar la discriminación contra la mujer, a fin de asegurarle la igualdad de derechos con el hombre en la esfera de la educación y en particular para asegurar, en condiciones de igualdad entre hombres y mujeres:

a) Las mismas condiciones de orientación en materia de carreras y capacitación profesional, acceso a los estudios y obtención de diplomas en las instituciones de enseñanza de todas las categorías, tanto en zonas rurales como urbanas; esta igualdad deberá asegurarse en la enseñanza preescolar, general, técnica y profesional, incluida la educación técnica superior, así como en todos los tipos de capacitación profesional;

b) Acceso a los mismos programas de estudios y los mismos exámenes, personal docente del mismo nivel profesional y locales y equipos escolares de la misma calidad;

c) La eliminación de todo concepto estereotipado de los papeles masculino y femenino en todos los niveles y en todas las formas de enseñanza, mediante el estímulo de la educación mixta y de otros tipos de educación que contribuyan a lograr este objetivo y, en particular, mediante la modificación de los libros y programas escolares y la adaptación de los métodos en enseñanza.

d) Las mismas oportunidades para la obtención de becas y otras subvenciones para cursar estudios;

e) Las mismas oportunidades de acceso a los programas de educación complementaria, incluidos los programas de alfabetización funcional y de adultos, con miras en particular a reducir lo antes posible la diferencia de conocimientos existentes entre el hombre y la mujer;

f) La reducción de la tasa de abandono femenino de los estudios y la organización de programas para aquellas jóvenes y mujeres que hayan dejado los estudios prematuramente;

g) Las mismas oportunidades para participar activamente en el deporte y la educación física;

h) Acceso al material informativo específico que contribuya a asegurar la salud y el bienestar de la familia”.

Parecería muy razonable, pues, que el Ministro de Educación de España -si quiere ser pulcro en el cumplimiento de los compromisos internacionales del país- ponga especial celo en hacer cumplir estos principios que han ratificado la inmensa mayoría de los países del mundo y, por supuesto, España. A juzgar por los recientes intentos de reinsertar la segregación sexista en la educación, ocuparse de ello debería ser tarea prioritaria en la agenda del Ministerio.Prime Hype DF 2016 EPAir Jordan 1

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