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El síndrome de la luz de la farola

Es un viejo chiste pero, desafortunadamente, es mucho más que un simple chiste. Representa un síndrome intelectual: la tentación -que podemos tener todos en un momento dado-, a huir de la complejidad de los problemas reales, que se acompaña de la pulsión de  proponer soluciones simples (por absurdas que sean).

A este síndrome le podemos llamar el  síndrome de la luz de la farola. Y este el chiste lo resume perfectamente:

Un policía se acerca a un transeúnte que está arrodillado en el suelo, a la luz de una farola, y busca algo con desesperación. -¿Qué busca usted?- pregunta el policía. –Mi cartera– responde el transeúnte. -¿La ha perdido usted por aquí?– insiste el policía. –No. Pero es que es el único lugar donde hay luz– contesta el hombre.

Pues bien, esto es lo que parece estar sucediendo en la actualidad. Que a la hora de afrontar el Coronavirus,  por inercia o economía de esfuerzos,  muchos renuncian a pensar y optan por lo fácil: buscar soluciones solo donde alcanza la luz  soluciones más que donde donde de su propia farola. Si esto es grave de por sí, mucho más grave es el rédito que determinados políticos tratan de sacar apoyándose en este síndrome.   Pero ¿cómo lo utilizan y para qué?

En primer lugar, porque valiéndose de él tratan de disimular su propia impotencia ante un problema que nos saben afrontar. En segundo lugar, para tratar de distraer a la opinión, y evitar, así, críticas a su gestión. Y todo ello, con el fin básico de mantenerse en el poder.

Voy a dar algunos ejemplos actuales que me parecen bien evidentes en esta época de pandemias.

Cuando Bolsonaro, por ejemplo, dijo que el Coronavirus no era más que un resfriadinho, trataba de distraer a la opinión, y de disimular el hecho de que ni podía ni sabía hacer nada efectivo contra la pandemia. Cuando Trump dijo que ese virus era chino, lo que buscaba distraer a los norteamericanos, dando la idea de que el virus se podía abordar solo como un elemento más de la guerra (comercial) que él mismo había lanzado contra China. Cuando López Obrador, en Méjico, mostró una estampilla con un santo, diciendo que esa era la solución contra la pandemia, evitaba reconocer  el hecho de que la economía mejicana y su sistema sanitario difícilmente podrían sostenerse en pie ante un envite fuerte del virus. Cuando Boris Johnson, dijo que frente al Coronavirus lo mejor era laisser faire laisser passer, lo que intentaba era distinguirse de la Europa que acaba de abandonar. Pero, como se ha visto posteriormente, era solo un gesto de fanfarronería, primero, y de cinismo después.

Todos ellos ejemplos que -con independencia del que merezcan los políticos en cuestión- revelan  la  pobreza intelectual y política con que se puede hacer uso del síndrome de la  luz de la farola.

Pobreza lógica y política

Pobreza intelectual, porque este tipo de aproximación a los problemas reales se cultiva con la ignorancia, simplismo, y cortedad de miras. Pero, sobre todo, con buenas dosis de irracionalidad.

Pobreza política, estas actitudes y estas formas de expresión reflejan políticas reactivas (reaccionarias, tal vez) -que nunca saben proponer actuaciones, sino descalificaciones reactivas en contra de lo que hacen otros-. Y, fundamentalmente, porque esconden un maniqueísmo tajante, que solo conoce de amigos y enemigos (de leales y traidores).

Bolsonaro cultiva una mentalidad fundada en la ignorancia , el simplismo y la cortedad de miras. Trump cataliza una ideología agresiva, y  conspiranoica, nacida al albur de cualquier guerra (real o fantasma). López Obrador, trata de conectar con un pensamiento mágico y supersticioso, que todavía sigue pesando en alguna sociedades. Y, finalmente, Boris Johnson, deja bien a las claras, que aún está muy expandida una mentalidad arrogante y brutal: la de quienes defienden la ley del más fuerte. Y lo hacen, precisamente, porque se sienten los más fuertes -lo sean o no-.

En todo caso, y en sus múltiples variaciones, estas mentalidades tienden siempre a evitar y ahorrarse los análisis complejos. Son, por definición simplistas. Y, de este modo, solo entienden de relatos épicos, culpables únicos, y momentos decisivos. Suelen ser, además, muy cortas de miras. Solo prestan atención a lo que les suena o les conviene, dejando en la oscuridad todo lo demás. Y practican lo que podemos llamar el pensamiento-flash, hecho de afirmaciones fugaces, aparentemente brillantes, pero, en el fondo, simplista, y vacío. Son mentalidades, todas ellas, que recrean el síndrome de la luz de la farola. O sea, buscar o que hemos perdido no done senos ha podido caer, sino en donde hay luz.

Cuando como hoy en día, la humanidad se están enfrentando a los problemas más complejos que ha vivido nunca, guiarse apenas por la luz de las farolas es poner en jaque la ciencia y el pensamiento complejo. Precisamente, cuando más se necesitan.

 

 

2 comentarios

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  • Leo atentamente su escrito. Me ha parecido elegante, brillante, didáctico y bien argumentado, pero insuficiente. El síndrome de la luz de la farola – magnifico ejemplo – se puede aplicar a una crisis económica, religiosa, de pareja o a la mala marcha de un equipo de fútbol. Quiero decir que se puede aplicar a quién intenta encontrar una solución a cualquier tipo de problema y busca sólo “donde ve algo de luz”. Para mí eso es lo que hacemos todos – con buena o mala intención, ojo. Usted mismo lo reconoce. Cada cual buscamos la solución de nuestros problemas con “las luces que tenemos”.
    El caso del coronavirus creo que se sale de esas reglas tan generales y simples, y necesitaría un análisis más especifico y profundo y desde luego incluyendo otras muchas variables que lo rodean. Creo que ha caido en su mismo error: simplificar. Todos los gobiernos – unos mas que otros – han dado palos de ciego intentando no alarmar, atenuar, medias verdades, …intentando ganar tiempo para encontrar un camino inédito, un camino por hacer. Indudablemente Bolsonaro, Trump, López Obrador o Boris Johnson- populismos desgraciados en mi opinión – son ejemplos muy fáciles de rebatir. Pero las cosas han cambiado: De hecho p.e. Trump ha echado mano de una antigua ley y está obligando a la General Motors a fabricar respiradores.

    Y una pregunta: ¿Se pone alguien a buscar algo en una oscuridad total?

    Algo más: No conozco politico que no desvie la atención de la ciudadanía cuando tiene un problema. Todos lo hacen.

    Me gustaria conocer un análisis más exhaustivo, mas contextulizado con el problema, con mayor número de variables…. sobre el coronavirus y si es posible, referido a lo ocurrido en nuestro pais. En cualquier caso su reflexión es rica y aprovechable. Saludos cordiales