Cultura mediática visibilidad

Visibilidad, poder y sistema mediático

Nathalie Heinich

¿Cuales son los valores seguros de nuestro tiempo, aquellos cuya posesión depara el mejor beneficio, el más seguro, el más duradero?  Muchos pensarán en algunos como monedas fuertes, determinadas acciones en bolsa, algún recurso natural valioso -como el petróleo, el oro, el tungsteno, el agua…-, etc.  Pero pocos pensarán en uno que resulta intangible y cuyo valor no ha parado de crecer a lo largo de los últimos siglos: la visibilidad, lo que, de otro modo, podríamos denominar la fama. Y, sin embargo, la visibilidad otorga poder. Cada vez más.

Es, precisamente, de este nuevo valor de la visibilidad y consolidación en el actual sistema mediático de lo que trata el libro de Natahlie HeinichDe la visibilité. Excellence et singularité en regime médiatique, Ed. Gallimard, 2012-. Un libro cuya utilidad aumenta en la misma medida que no para de crecer el valor de la imagen -fama- mediática.

¿Por qué? Pues, sencillamente, porque ser visible siempre, pero más en un contexto mediático y global como el nuestro- significa adquirir un plus de capacidad, de influencia, de poder. Esta es la tesis centra del libro de Heinich y el tema sobre el que pivota toda su argumentación.

La visibilidad confiere a una persona a una institución conocimiento público,  celebridad, fama. Y, salvo que sea muy negativa la imagen que se transmite; a veces, incluso a pesar de ello- el ser conocido y famoso permite adquirir poder para conseguir muchas cosas que, de otro modo no se conseguirían. O sea, es siempre un valor.

Las formas iniciales de la visibilización

La visibilidad, defiende N. Heinich, se ha utilizado históricamente para marcar las jerarquías y el poder social. Pero las técnicas de la visibilización –capaces de amplificar la presencia de alguien- han sido, hasta muy recientemente, muy limitadas.

Durante mucho tiempo, la presencia de la persona visible en un espacio concreto solo podía amplificarse localmente y a través de artefactos de tipo espacial –generalmente, elevando la altura de la persona-.  De esta forma lo que aumentaba era la visibilidad espacial de personajes singulares: reyes y reinas, patriarcas, jefes militares, nobles, etc.

Por otro lado, se utilizaban también procedimientos de tipo icónicos, es decir, consistentes en utilizar y reproducir la imagen de las personas. A través de la escultura, la pintura, las monedas y, en general las artes monumentales, se podía lograr que determinadas presencias se extendieran a través del tiempo y del espacio. Generando un fenómeno de expansión superior al que proporcionaban los artefactos espaciales.  En todos los casos, mediante estos procedimientos, el objetivo de acrecentar el poder de la persona visibilizada se lograba, y, con ello, aumentaba la veneración del público.

La irrupción del sistema mediático

Pero es ya en el siglo XX, con la fotografía -y su reproducción a través de la imprenta- y, con los medios eléctricos –cine y televisión-, cuando el fenómeno de visibilización adquiere un una magnitud nueva- Y, con ello, las posibilidades de potenciar la influencia y el poder alcanza dimensiones totalmente inéditas.

La fotografía fue la primera que potenció lo que W. Benjamin llamó la “reproductibilidad mecánica”. Sirvió para conservar la imagen de las familias burguesas que, hasta entonces, no habían podido acceder al óleo o a la pintura. Y, progresivamente, incluso las clases populares –como mostró muy a las claras Pierre Bourdieu– pudieron acceder a ella.

Posteriormente, la fotografía en movimiento, es decir, el cine introdujo un cambio cualitativo. Hizo zoom sobre los detalles, y, al mismo tiempo, agrandó la pantalla. De este modo, los personajes del cine no tuvieron ninguna dificultad para convertirse en estrellas, es decir, personas visibles de muy cerca y con mucha intensidad que, por tanto, destacaban sobre las demás.

Intensificación de la veneración, el fenómeno fan

La imagen icónica y el fenómeno de la visibilización, en general, logró con los nuevos medios masivos no solo marcar con mayor intensidad jerarquías existentes, sino que llegó a crear nuevos referentes, nuevas autoridades. A las jerarquías convencionales, el nuevo sistema mediático incorporó las estrellas mediáticas, una nueva clase con poder que provenía no solo de su inserción social previa o de su dinero, sino, esencialmente, de haber acumulado un capital de visibilidad superior al resto de personas. Es lo que se vino a llamar al star system.

Pero, además, y esto es seguramente lo más novedoso es que la fotografía impresa y el cine lograron en el siglo XX potenciar una adhesión especial del público. Intensificaron los fenómenos de veneración popular tradicionales y le otorgaron un capacidad de impacto muy superior. De hecho, favorecieron nuevos fenómenos de adhesión emocional que eran diferentes a los conocidos hasta el momento -vínculos tribales, religiosos, familiares, sectarios, etc.- que, si bien conservaban algunos de sus rasgos, introducían nuevos componentes muy asociados a ciertas características del sistema de medios.

El nuevo sistema de medios llegó a producir lo que hoy se conoce como el fenómeno fan, o sea, creación de grupos de “fanáticos” que se vuelvan en el seguimiento, la contemplación y la charla sobre sus estrellas favoritas.

La llegada de la televisión

Más adelante, la televisión dio un giro de tuerca. A los atributos propios de la fotografía y el cine, añade la la instantaneidad, la comunicación en directo, la simultaneidad.

De ahí que la televisión sirvió para extender y potenciar la explosión del fenómeno fan que ya había inaugurado el cine. Y lo llevó a una dimensión desconocida. La televisión, de hecho logró masificar el universo de las “estrellas” al tiempo que estableció una nueva relación de estas estrellas con sus públicos.

Las redes sociales

Finalmente, a partir de los años 90 del siglo XX, y, especialmente, cuando a en el XXI los teléfonos móviles inteligentes llegan a contarse por más miles de millones que los de la población humana, las redes sociales han dado un giro decisivo al fenómeno de la visibilización.

Las redes han democratizado y globalizado la veneración y, así, han aumentado el poder de las estrellas. Estas, hoy en día, llegan continuamente a sus públicos, y de modo personal, y sin intermediarios. Sobre todo han hecho posible un fenómeno nuevo: cualquiera puede tratar de ser visible universalmente, sin filtros, sin intermediaciones. Al menos, aparentemente.

Cambio radical en el sistema de visibilidad

En conjunto, en el plazo de siglo y medio, conforme se imponía una nueva ecología mediática, se ha producido un vuelco radical en el sistema de visibilización social. De ser un recurso exclusivo de los poderosos, ha pasado a ser un instrumento de la mayoría. Y, lo que es más llamativo, se ha convertido, tal vez, en uno de los sistemas más decisivos a la hora de establecer jerarquías sociales y de distribuir el poder social.

Poder, dinero, influencia han pasado a depender, casi en todos los ámbitos del capital de visibilidad que el sujeto en cuestión posea, y, a su vez y consecuentemente del sistema mediático. Al mismo tiempo, la invisibilidad ha pasado de ser un estado que históricamente era lo habitual para la mayoría de los habitantes del planeta, ha pasado a convertirse en una especie de abismo insondable. Hoy n día, no ser visible es el primer paso hacia el no-ser.

Con todo ello, la política, la economía, y en general la sociedad ser rigen en estos tiempos por un nuevo régimen de distribución del poder, la visibilización que depende del sistema de medios.

Nada puede extrañar, por tanto, que el gran juego del sistema mediático actual consista, esencialmente, en la distribución y redistribución constante del poder a través de los procesos de visibilización.

Como tampoco puede sorprender que, dadas las circunstancias, el fenómeno de mediatización de la vida social no sea, actualmente, otra cosa, que la inserción de nuevas relaciones de poder entre las personas y los grupos.

No queremos decir, con ello, que hayan desaparecido otras instancias de generación de poder social -el capital, las armas, el saber, las clases sociales o los medios de producción…-, sino que actualmente, todas esas instancias tradicionales tiene que operar en un nuevo escenario mediático en el que la tiene un papel fundamental.   

 

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